dijous, 3 de juliol de 2014

LUCHON-BAYONA 2014: CICLOTURISMO EN ESTADO PURO. Por Roser Flavià



Muchas son las crónicas que hablan de esta marcha y, si no fuera por ellas, no nos hubiéramos planteado,  uno de nuestros muchos días de poca cordura, a lanzarnos a esta aventura.  Una de las primeras cosas que más nos llamó la atención era la historia de esta marcha. Historia que se remonta a la primera etapa pirenaica del Tour, en el año 1910, en la que uno de los ciclistas profesionales que la disputaba, en lo alto del  Aubisque,  llamó “asesinos” a los organizadores.  Los kilómetros, el desnivel, los puertos míticos y el reto de completarlo en un sólo día fue lo que nos acabó de convencer…
Este año, como novedad en el club, al igual que se planteaba el super reto de BTT con el Soplao, se pensó que estaría bien proponer un super reto de carretera y, por eso, no dudamos en elegir esta prueba.
De esta manera, nos introdujimos en el mundo de la ultra distancia mediante las brevets. Y así, como quien no quiere la cosa, nos apuntamos a la Brevet Lepertel, de 200kms. Pensábamos que iba a ser una cursa más pero, como el camino de Santiago, tiene algo mágico que engancha. Resultó que eso solo era el principio. Se abría ante nosotros un abanico nuevo de posibilidades sobre dos ruedas.
El paso lógico para superarse era hacer una Brevet de 300kms, pero el calendario ya estaba planificado y completo de otras pruebas. Así que, siguiendo en mi línea ilógica de locuras personales, solté en el whatsap a mis compis del club, una pregunta de la que acto-seguido me arrepentiría: ¿Por qué no pasamos directamente a la de 400?... Y aunque sonaba a la dichosa ficha del Monopoly: “Vaya a la prisión, vaya directamente a la prisión, sin pasar por la casilla de salida y sin cobrar…”, que, traducida al argot ciclista, sería algo así como “Vaya a la brevet de 400, sin pasar por la de 300 y sin tener ni idea de lo que le espera…”,  resultó que no obtuve un “no” rotundo por respuesta.  Hubo 4 miembros más del club que estaban, por lo menos, igual de locos que yo y que en seguida se apuntaron al carro… Y, como estaba escrito, ya no había marcha atrás. 
Así fue como cinco intrépidos del club: Dani Rodríguez, Jesús Padilla, Sergio Cervera, Miguel A. García y una servidora, nos presentamos a la Brevet de 400kms de Tárrega el 26 de abril. Después de una larguísima jornada de pedaleo, con super pajarón incluido en el km. 370 y pasadas las 3 de la madrugada, conseguí llegar, arropada por mi equipo, a meta… Fue la primera vez que nuestro club se presentaba a una prueba de estas características y, además, fui la primera chica que completaba una Brevet de 400 en la provincia de Lleida.
Ahora ya nos lo empezábamos a creer: la LUCHON-BAYONA 2014 en un solo día SÍ que era posible. Planificamos con ilusión la infraestructura del fin de semana: Alojamientos el viernes en Luchon, y el sabádo en un hotel de Bayona con recepción las 24h. A saber la hora a la que íbamos a llegar, eso si llegábamos… Posibilidad de anular el hotel hasta el mismo día a las 18h de la tarde, por si teníamos que dormir por el camino… Y, no menos importante, sería el seguimiento de nuestro compañero Juan Cáceres con su coche de apoyo. Así de preparados, los “asistentes”: Juan y su mujer Ana, y los “participantes”: Dani Rodríguez, Jesús Padilla, Miguel A. García y yo, nos plantamos el viernes en Luchon.
El recorrido consta de 326kms y 6 puertos por este orden: el Peyresourde (1569m), el Aspin (1489m), el Tourmalet (2115m), el Soulor (1474m), el Aubisque (1709m) y el Osquich (507m), acumulando un total de 5257metros de ascensión. Es también conocido comúnmente como “¡pedazo de rutón de la ostia!. Podríamos dividirlo en dos partes: la primera parte, la etapa más montañosa, con los cinco primeros puertos concentrados en los primeros 160km. En la segunda parte, nos encontraríamos el último puerto más “tropecientos” repechos que ya sobran, hasta llegar a Bayona.


Comenzamos el día muy animados y con un sol espléndido. Sellamos la cartilla (parecida a la “compostelana”) y empezamos a pedalear. Sin tener tiempo de calentar, empezamos la primera ascensión del día. Conscientes de que esto no es una carrera, cogemos un ritmo muy llevadero que nos permite llegar arriba con poco cansancio acumulado. La bajada se hace rápida y, en seguida, ya estamos subiendo el segundo.  A medida que vamos cogiendo altura, las vistas panorámicas son de postal y disfrutamos de lo lindo. En lo alto del Aspin, nos espera un avituallamiento muy digno, y el segundo sello del día. 
Bajamos de nuevo para afrontar el colosal Tourmalet. Los últimos 4 kilómetros de esta ascensión  sufrimos fuertes rachas de viento que zarandean peligrosamente la bicicleta, cuando lo pillamos de costado, o ralentizan estrepitosamente la velocidad media, cuando lo pillamos de frente, según sea la curva. Empezamos a sufrir, pero conseguimos llegar bien arriba. El viento es tan molesto que no nos permite disfrutar del momento como quisiéramos: foto rápida en la cima, nos abrigamos y bajamos extremando precauciones… A mitad de la bajada, otro avituallamiento y otro sello.
Nos dirigimos al Soulor. A estas alturas, ya hemos tenido la oportunidad de hablar con unos cuantos participantes y comprobamos que la gran mayoría hace la ruta en dos días. Casi en lo alto del Soulor, otro avituallamiento y otro sello. Bajamos muy poco para seguir subiendo hacia el siguiente y ya quinto puerto: el Aubisque.

Miguel y yo habíamos pasado dos veces por esta zona y las dos veces habíamos tenido niebla, pero, aunque ya empiezan a divisarse las nubes por el horizonte, estas no nos tapan el espectacular circo de Littor. Sólo por esto, ya vale la pena todo el esfuerzo, Coronamos el Aubisque muy contentos, porque nos vemos bien de fuerzas. Más fotos de rigor y para abajo. Bajando, las nubes van ganando terreno y se escuchan los primeros truenos. La tormenta está acechando. Llegamos a Laruns y decidimos refugiarnos en un bar, ya que empiezan a caer los primeros goterones gordos. Una vez dentro, se desata la rabiosa tormenta. Estamos en la mitad del recorrido. Todavía queda mucho y surgen las primeras dudas… 

Parece que la tormenta afloja y decidimos ponernos rápidamente otra vez en marcha. El asfalto esta mojado y, de nuevo, hay que extremar las precauciones… No tardará en volver a aparecer la lluvia, y ahora ya para quedarse... Encima, para acabar de rematar el asunto, el fuerte viento sigue siendo en contra…
La suerte es que, aunque estemos mojados, de momento, no hace frío… Mi mayor miedo es tener los pies mojados al caer la noche… Mi pensamiento se va al día anterior, cuando hacía la maleta y decidía no poner los escarpines impermeables en ella, a pesar de tenerlos apuntados en mi lista… Espero que esa decisión, no me juegue una mala pasada al final… Empieza el calvario…
Nuestras caras son un poema, pero Dani consigue romper ese cuadro soltando, de vez en cuando, frases con graciosa ironía como: “¡No hace falta que nos tiren más cubos de agua, que ya nos hemos enterado de que llueve, hombreeeeee! Jeeje...”  Me sorprendo viendo que, hasta en estas situaciones, aún  soy capaz de sacar una sonrisa…
Subimos el último escollo, Osquich. Kilómetro 250 y ya es de noche. Último avituallamiento en ruta y penúltimo sello. Decidimos entrar en el bar que hay justo al lado, para tomar un café con leche calentito y entrar en calor. Con lo friolera que soy, tengo la tentación de cambiarme entera de ropa, para ponerme ropa seca, pero me advierten que con el asfalto tan mojado, no serviría de nada, ya que las mismas ruedas se encargarían de empaparme de nuevo. Tienen razón… Aprovecho para ir al lavabo y secarme un poco la ropa con el secador de manos. A continuación cojo el papel seca manos y me lo coloco de relleno en pecho, barriga y piernas. Los guantes los tengo empapados y, estos sí que decido cambiármelos por los de invierno secos. Me coloco el chaleco reflectante en lo alto del chubasquero para ir todavía más abrigada y, para abajo… En seguida, comprobé que había tomado las decisiones acertadas… El frío bajando era real, pero soportable y, Miguel, tenía fe y no paraba de repetírnoslo que en Bayona no iba a llover y que llegaríamos secos… Positividad ante todo…

Con ganas de llegar, afrontamos los tropecientos repechos que sobran y que no permitían que subiera la media. A falta de 10kms de Bayona, deja de llover y empezamos a comprobar que el asfalto está seco… ¡Las previsiones se cumplen y ya casi lo tenemos! Ahora sí que escasean las fuerzas y tenemos muchas ganas de llegar. Un grito de alegría al ver el cartel de Bayona y el claxon del coche para celebrarlo me provocan un nudo en la garganta de la emoción. ¡Por fin! ¡Lo hemos conseguido! Una vez en el gimnasio nos abrazamos emocionados y pegando saltos de alegría… Momento inolvidable… Aquí culmina con éxito esta gran aventura… Un día completito: con sol, lluvia, viento, frío, risas, buenos y malos ratos… y compartiendo experiencias con nuestros compañeros de pedaleo. Cicloturismo en estado puro…

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