dijous, 27 d’abril de 2017

FLECHA IBÉRICA 2017

Objetivo: Probar una experiencia nueva en equipo y ya de paso obtener un requisito más de cara al Randonneur 5000.

Equipo: El capitán y también cansino histórico, Miguel Ángel. Después de un año de parón obligado por una doble lesión de rodilla tras finalizar la Paris Brest 2015, era el primer reto largo o “palomada”, como él le llama, que se planteaba. Jesús Padilla, alias “Pai”, devorakilómetros incombustible y también finisher de la Paris Brest 2015, de las 1001 Miglia y los 1000 del Camino de Santiago. Roser, la falta de riego personificada y la única fémina catalana que participó y terminó la Paris Brest 2015, y participante también en otras brevets de entidad como la Barcelona-Perpignan 2016. Dicen que los tres juntos tenemos el conocimiento justo para pasar el día.

Por desgracia, no hemos podido engañar a nadie más… Nuestro compañero de pedales con ideas de bombero, Dani, está lesionado; y Ferran y Ángel tienen compromisos que no pueden dejar. Al ser en Semana Santa, por un lado está bien, pero por otro, puede pasar esto. Por eso, formamos el equipo con el mínimo permitido de componentes con el riesgo que ello conlleva. Si queremos acabar con éxito, tenemos que llegar todos.

Otro handicap es que no llevamos coche de apoyo, así que debemos ser autosuficientes y llevar todo lo necesario. Por suerte, la organización nos permite enviar una maleta con la ropa de recambio para ducharnos una vez hayamos llegado a nuestro destino… La suerte está echada.

Ruta: Según requisitos, debe tener más de 360 kms con llegada a Yepes (Toledo) Teníamos claro que debían ser menos de 400kms. Strava en mano empezamos a hacer probaturas desde diferentes puntos de partida. La idea inicial era salir desde Valencia, pero finalmente elegimos Zaragoza.

También teníamos que hacer unas paradas obligatorias para sellar la credencial. Elegimos los siguientes puntos y calculamos un horario de llegada aproximado en cada uno de ellos:

- Daroca, km. 80, entre las 12-14h
- Molina de Aragón, km. 140, entre 15-17h
- Villaconejos de Trabaque, km. 230, entre 19-21h
- Tarancón, km. 320, entre 1-4h
- Noblejas, km. 365, a las 7h
- Yepes, km. 390 antes de las 9h

Disponemos de 24 horas como máximo.

Todo esto parece muy estudiado pero, en realidad, no teníamos ni idea de cómo serían las carreteras… ¿Habría mucho tráfico en las nacionales? ¿Nos perderíamos? ¿Serían buenas carreteras o encontraríamos algún camino rural? Este era otro factor más que no podíamos controlar y que, de nuevo, llenaba de interrogantes nuestra aventura.

Experiencia: Partimos el viernes en autobús y antes de lo que pensamos empieza la aventura. Para colocarlas en el maletero tenemos que desmontar la rueda delantera y envolverlas de alguna manera. Utilizamos, como apaño, bolsas de basura industriales y... , para allá que vamos. Una vez en Zaragoza, el hotel escogido está muy cerca de la estación, ya que vamos en bici, claro. Nos da tiempo de comer tranquilamente, instalarnos, echar una siesta e ir al centro en autobús para hacer un poquito de turismo. ¡Hasta tenemos la ocasión de ver una bonita procesión! Cenamos unas pizzas y a dormir prontito, que al día siguiente hay que madrugar.

A la mañana siguiente, nos levantamos y desayunamos como si no hubiera un mañana. Con la barriga llena y todo listo empezamos nuestra ruta. Son las 9, tenemos 24 horas por delante y toda la incertidumbre del mundo.

Primer reto, salir de la ciudad. Al contrario de lo que nos pasa normalmente, que damos más vueltas que una peonza, esta vez nos enfocamos a la dirección correcta a la primera y cogemos la nacional que nos llevará hacia Cariñena y más tarde al primer punto de control. En seguida, vemos que estamos dentro del track y , con alegría y nerviosismo, nos despedimos de la ciudad que tan bien nos acogió ayer.

Tenemos suerte, ya que pronto encontramos un grupo de ciclistas maños que van en la misma dirección. Nos preguntan donde vamos y se sorprenden al escuchar nuestra respuesta. En seguida, todo el grupo se ha enterado y se muestran gratamente dispuestos a ayudarnos. Nos explican que la nacional va paralela a la autovía y que por eso no hay casi vehículos que nos avancen. No dudan en ofrecernos su rueda y  guiarnos en esta primera parte de la ruta, así que los primeros kilómetros se hacen muy amenos y pasan rápido. Finalmente, se despiden de nosotros deseándonos mucha suerte y seguimos solos.



A partir de aquí la ruta sigue en constante ascenso. El paisaje ya empieza a cambiar puesto que estamos subiendo la Meseta.  En seguida, subimos el puerto de Paniza, que con sus 10,7 kms. y una pendiente media de un 3,2%  nos resulta muy llevadero. Coronamos a 938m, foto de rigor y continuamos. Bajamos muy poco para volver a subir y encontrarnos, como quien no quiere la cosa, el cartel de la segunda ascensión del día, el puerto de Huerva a 944m.


Finalmente llegamos a Daroca a las 11.35, 25 minutos antes de lo previsto. Parada rápida en una gasolinera para sellar y comer algo. Los ánimos andan bien y seguimos.

El tercer puerto lo encontramos justo después de salir de Daroca. Es el de Santed, con 10,6 kms. de subida progresiva y constante alrededor del 4% que nos lleva a 1153 metros de altura. Poco antes de coronar y demasiado pronto, tenemos la primera incidencia del día: el porta bultos de tija de Miguel, quizás por el peso de la carga y el traqueteo, se ha bajado de tal manera que roza la rueda trasera y nuestra multiherramientas no nos sirve para solucionar el problema. Suerte que Pai lleva una mochila de tela y podemos meter el portabultos en ella y cargarlo a la espalda, cosa muy incómoda pero que nos permite seguir avanzando hasta el siguiente pueblo en el que pediremos ayuda.

Ya estamos en plena Meseta y el viento empieza a castigar. Viene de costado y nos colocamos haciendo el abanico y dándonos relevos. Los kilómetros pasan irremediablemente más lentos y ante la inmensidad de la planicie entendemos el refrán de ancha es Castilla… ¡Y airosa, también!

Llegamos a un pequeño pueblo llamado La Yunta y al primer hombre que vemos le pedimos ayuda… Él se lamenta por no tener la herramienta que necesitamos pero moviliza a medio pueblo, haciéndose cargo de nuestro problema como si fuera suyo, hasta encontrar quien sí la tiene… Comprobamos con alegría que la esencia de las gentes de los pueblos todavía no se ha perdido… Y que dure muchos años!!! Gracias a su inestimable y anónima ayuda podemos continuar pedaleando con el problema resuelto. Hasta llegar a Molina de Aragón nos espera un constante sube y baja…

Km 140, Molina de Aragón, son las 14.35h. A pesar de la incidencia, seguimos con 25 minutos de adelanto sobre nuestra previsión. Sellamos de nuevo en una gasolinera. Estamos contentos y animados pero aún no sabíamos lo que nos venía encima...

En la siguiente parte de la ruta, es donde nos encontramos las rampas más duras, llegando a ver en el Garmin hasta un 16% de desnivel, tanto a la altura de Taravilla, como en Poveda. El calor, las horas pedaleadas, los kilómetros, el desnivel que llevábamos acumulado y ese par de rampas buenas hicieron “pupa” no sólo a las piernas sino a nuestro estado de ánimo. El cansancio empezaba a dar los primeros avisos y por eso decidimos hacer parada en un bar, a pesar de que no era un sitio de control. Llegados a este punto, nuestras caras delatan que andamos con cierto agobio así que nos tomamos la parada con calma.

Preguntamos al hostalero cómo será el terreno que tiene que venir y no nos lo pinta nada bien, informándonos que lo siguiente es sencillo pero que en dirección a Priego la carretera es muy mala y también con mucho desnivel. La noticia nos sienta como un jarro de agua fría, puesto que teníamos la esperanza de haber pasado lo peor… Pero resultó que fue todo al revés: lo que tenía que ser sencillo fue un señor puerto que nos llevó a 1400 metros de altitud, el punto más alto de la ruta, y la continuación, que tenía que ser tan dura, al final no lo fue tanto.

Finalmente, ya tocados, llegamos a Villaconejos del Trabaque, km. 230 a las 18.55h. A pesar de todo, seguimos llegando antes de lo previsto y, aunque sean solo 5 minutos el mensaje mental de que vamos bien vuelve a la cabeza. Sellamos en un bar, donde pedimos unos bocatas de tortilla que nos saben a gloria.

A la hora de reemprender la marcha, Pai se da cuenta que ha pinchado. Cambia la cámara, pero vemos un bulto en su cubierta al que no damos mucha importancia. La parada, al final, se ha alargado una hora y no podemos entretenernos más. Nos queda poco tiempo de luz natural y hay que aprovecharlo.

Pronto se nos hace de noche. Encendemos luces y nos colocamos la armilla reflectante. La temperatura ha bajado pero no demasiado. Son las 11 de la noche, más o menos, cuando Pai nos dice, ya con cierta desesperación, que ha vuelto a pinchar. La primera idea es llegar al siguiente pueblo como sea, donde, con más iluminación, poder reparar el pinchazo, pero la carretera está en medio de la nada, ni un indicio de luz, ni un cartel de pueblo cercano…. Así pues, nos paramos y comprobamos con preocupación que el bulto de la cubierta es ahora mucho más grande. Cambiamos cámara de nuevo e intentamos hacer un apaño en  la rueda con cinta aislante digno de Mc Giver pero no sabemos cuánto aguantará y todavía quedan muchos kms. Las ganas de llegar al siguiente punto de control, Tarancón, son inmensas, así que una vez hecha la correspondiente reparación ponemos la directa y ya no pararemos hasta llegar allí.

Por fin, llegamos a Tarancón, km. 320, a las 12.20h de la noche, 40 minutos antes de nuestra previsión, lo que nos hace respirar tranquilos. Lo primero que vemos es la caserna de la Guardia Civil, sitio donde decidimos pedir que nos sellen y lo conseguimos, no sin cierta desconfianza y miradas de perplejidad. Les convencemos con un: “Somos frikies, pero no somos mala gente”… A continuación, buscamos un bar donde poder comer y un rincón donde dormir un rato. Estamos a 70kms y empezamos a creernos que esto ya está hecho.

El sueño es reparador y una vez despiertos seguimos la marcha. El terreno es llano o con tendencia a bajar. Parece que todo está a nuestro favor. Tenemos que sellar a 25kms de la llegada, en Noblejas. Esperamos a que nos abran un bar a las 7 y de mientras somos la atracción de los pocos pueblerinos madrugadores que hay por allí. Uno de ellos nos pregunta y, tras decirle que venimos de Zaragoza, se nos queda mirando, nos contesta que no se lo cree y se queda tan ancho… De nuevo, esa cara de incredulidad a la que ya nos estamos acostumbrando y que nos hace sonreír. Nuestro desayuno consiste en unos  cuantos cafés con leche y unas cuantas madalenas. Nos dan la energía necesaria para nuestro sprint final, que hacemos ya de día y con los ánimos a tope.


Ahora sí, llegamos a Yepes con 390kms en las piernas y 4400 metros de desnivel. Gritamos y nos abrazamos para celebrarlo. Por fin, RETO CONSEGUIDO!!!

1 comentari:

  1. Enhorabuena por la prueba. Mi pregunta es: Vais a ir al 400 de la Fuliola???
    Un saludo.

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